viernes, 18 de febrero de 2011

REPORTE INICIAL

INTRODUCIÓN

El propósito de la  presente actividad  es concluir mi reporte inicial que originalmente presente a mi asesora en Metodología de la Investigación I durante la Primera Unidad  del primer semestre de la Universidad Pedagógica Nacional, la Sra. Profesora. ATALA DOLORES SANDOVAL, el cual consistía en un documento breve donde reporté mi saber como docente de una escuela enclavada en la comunidad indígena donde laboraba en esas fechas, llamada Santa Rosalía de Nabogame del Municipio de Guadalupe y Calvo, Chihuahua. Mismo reporte que ahora con los conocimientos adquiridos en la segunda unidad y resto de este Interesante curso puedo reestructurar y tal vez enriquecerlo dado que he obtenido una Visión un tanto más amplia.


REPORTE INICIAL DE LA PRÁCTICA DOCENTE
Actividad Final
“EL PARAISO QUE TANTO BUSQUE”

      Eran aproximadamente las cinco de la tarde de aquella hermosa tarde de verano cuando arribé por fin a un Pequeño rancho del municipio de Guadalupe y Calvo, Chihuahua; Santa Rosalía de Nabogáme, ¡Ahí estaba!  Húmeda y emanando frescos aromas de tierra mojada y gotas de rocío suspendidos entre pétalos de flores silvestres. Era el día 23 de Agosto del 2009, el siguiente día daría inicio a un nuevo ciclo escolar. Temeroso como cualquiera ante lo desconocido camine por la carretera enlodada con rumbo a la Escuela Primaria Federal Juan Álvarez donde prestaría mis servicios como maestro interino durante tres meses. No pude encontrarme siquiera a una sola persona que me indicara el lugar exacto y ubicación de la Escuela, Continúe saltando de charco en charco que cual  espejos reflejaban un calzado enlodado y a un hombre cargando una pesada  maleta en un hombro y una caja de cartón con bastimento en una mano, al poco de caminar me encontré con la escuela, callada y ausente, como si reposara de la risa y el barullo de los niños que hasta hacia casi dos meses corrieran en su patio; obscura y tranquila enmarcada por siembras de maíz y estampada en un fondo naranja del atardecer nubarrado que hacia  ante mis ojos una postal de naturaleza pura. No había nadie, la puerta de acceso, de maya ciclónica y tubulares  corroídos por el moho chirriaba con el aire diciendo a mis oídos: ¡“Detente, no eres bien venido”! Una gruesa cadena unida a un viejo candado detuvo mis enlodados pasos pero no mi afán ante la búsqueda de saltear aquel obstáculo inánime. ¡Cree que me detendrá! – me dije a mi mismo- la puerta volvió a reclamarme un rechinido replicando como si adivinara mis pensamientos más recónditos, pero ¡oh sorpresa!…. Ella no era invulnerable pues bajo la misma había un hueco por el que sin pensar me decidí a deslizar mi equipaje y yo tras de el, la había vencido pero no había vencido mis ansias de encontrarme con alguien, todo seguía sereno callado, algunos pajarillos asustados volaron de entre el pasto crecido al no ser pisado por los niños durante casi dos meses.
Mire a través de cada ventana en un intento frustrado de penetrar en cualquiera de las cinco aulas que conformaban la escuela pero tal parecía que estas al igual que la puerta inicial se negaban a recibirme, no había nadie, no pasaba nadie, no había nada, no pasaba nada.
Deje a un lado mi angustia que a cada minuto aumentaba los sonidos guturales que emite un estomago cuando  tiene hambre abrí aquella caja de cartón humedecida del fondo y extraje una lata de atún, para colmo. . . . ¡Atún en Agua! Con la tapa misma improvise una cuchara y lo comí a secas mitigando un tanto el hambre y el deseo de algo caliente o cuando menos tibio.
La tarde se había ido cuando mire que a un lado de la escuela se encontraba una obra negra ya techada en donde me encontré con una mesa larga que me invito a recostarme en ella, saque una cobija y envolviéndome en ella me dispuse a dormir un poco mirando hacia fuera como aparecían una a una las estrellas, empezaba a conciliar el sueño cuando escuche pasos por afuera y presuroso me dispuse a ver de quien se trataba, escuche una voz que decía:
¡Buenas Noches! ¡Quien anda por ahí!, Soy el Profe, Soy el profe Nuevo –conteste-
Pues qué bien - contesto la otra persona- Yo también soy profe, Soy el profe Manuel del Kínder de aquí y Tesorero esta escuela Escuela, pero algunos vecinos me dijeron que habían visto pasar a alguien con este rumbo y supusimos que era Usted, Vengo a traerle las llaves de las aulas por si se le ofrece algo. No pude hacer menos que extender mi mano más que actitud de saludo en Gratitud, poniéndome a sus Órdenes. El Profesor se retiro e inmediatamente abrí una de las aulas y pude percibir el contrastante olor de la soledad y el aroma a papel viejo.
¡Mañana seria otro día y ya vería que pasaría!
El Nuevo día llegó y con el, mucho antes de las nueve de la mañana, un murmullo familiar, ¡risas de niños!, Salí a preguntar qué era lo que hacían tan temprano pero contuve mi pregunta al mirar a unos cuantos niños muy limpios y uniformados; ¡Era Lunes!
      Los niños se escondían unos tras de otros riéndose y corriendo, llegando luego muchos más, no faltando aquel mas “arrojado” que por fin preguntó si era el nuevo maestro – conteste que si – y entre murmullos me interrogaron sobre la maestra del ciclo escolar pasado, de quien les dije que en tres meses estaría de vuelta con ellos.
    Llego luego la maestra del tercer y cuarto grado, acordando ambos llevar a cabo los honores a la bandera.
Destacaban entre todos los alumnos formados dos pequeñitos de raza indígena al parecer Tarahumara, quienes destacaban no precisamente por su pulcritud y complexión física, de entre 6 y 8 años. Sin preguntar supuse que eran hermanitos.
El primero y mayor era Carlos, un pequeño de cara afilada, tez morena y pelo crespo vistiendo en la parte superior un suéter de color azul tan ajustado al cuerpo que dejaba adivinar el lugar de cada una de sus costillas y cada hueso del tronco hacia arriba. Alumno del segundo grado.
El segundo era Joaquín, Hermano menor de Carlos, de tez morena, Igual, Rasgos indígenas, delgado a mas pero sonriente aun y cuando un moco colgaba de su nariz hasta rozar sus labios, limpiándolo con el dorso de su mano y sujetando con la otra su pantalón remendado de color azul marino ante el riesgo inminente que al soltarlo resbalara hasta sus tobillos.
Llego la hora de conocer a cada uno una vez que supe que me había tocado el primero y segundo grado. Ahí estaban callados todos pero inquietos 24 niños y niñas no mayores de ocho años. Siguieron las presentaciones y con trabajo, después de varios días, pude memorizar el nombre de cada uno dada la infinidad de nombres que los padres hoy en día ponen a sus hijos, entre extraños unos y otros más que difíciles de pronunciar.
Siguieron llamando mi curiosidad aquellos dos hermanos y el descuido visible de sus padres hacia ellos, conseguí establecer una relación más afectuosa de comunicación y confianza.
Los niños tenían un bajo rendimiento escolar comparado con sus demás compañeritos por lo que me di a la tarea de llamar a la madre tras observar que uno de ellos presentaba una infección en el oído derecho (Carlos) la cual era obvia por el fétido olor que salía del orificio auditivo y por un liquido hemático y puro liento que destilaba de su oreja Derecha. La madre acudió al plantel e inmediatamente me di cuenta de la situación extrema de pobreza de esta familia formada por la madre y cuatro niños, siendo el mayor Carlos, siguiéndole Joaquín y dos niñas aun menores. Pues el padre, según me comento la Señora, trabajaba en Parral, Chihuahua y no enviaba dinero alguno para la manutención de los menores.
Aquella interrogante sobre el descuido de aquellos dos niños criticados y hechos a un lado por sus compañeros desapareció por completo.
El  bajo rendimiento escolar no era otra causa que el hambre y tanta necesidad insatisfecha. Pantalones raidos por el uso y lavadas tantas veces solo con agua, zapatos agujerados enguantados en los pies desnudos costrosos de mugre y roña, útiles escolares escasos, sin un solo peso para gastarlo en el recreo.
Llego la despensa como ayuda asistencial que se da en algunas escuelas rurales, se les consiguió algo de ropa y calzado, enfaticé mi interés en ellos al grado que por las tardes empezaron a frecuentar la escuela aunque no fuera horario de clases, platique con ellos cualquier cosa y mi afecto hacia los mismos creció sintiendo un cariño reciproco.
Los niños mejoraron y Joaquín fue el primer Niño del Primer grado que empezó a deletrear. Me sentí orgulloso y satisfecho al grado de experimentar sentimientos encontrados de paternalismo. Todo marchaba bien…..
. . . . “Era el paraíso que tanto busque” . . . .
La escuela el mismo cielo
Cada aula una nube rosada
Cada alumno un pequeño ángel
Cada día una eternidad y. . . .
Cada momento una joya atesorada en Mi corazón y mi alma.
No obstante, y como todo tiene que terminar algún día, también terminó mi interinato que se extendió por el resto del ciclo escolar en aquel lugar. Me dolió infinitamente dejar aquella ranchería en donde después de esos meses pude hacer amigos, convivir con la mayoría de sus vecinos y estrechar lazos fraternales.
El día de graduación se aproximaba y…….. Tal vez……… yo era el único que no quería que llegara, pues quien esta vez se iría, no eran aquellos alumnos del sexto grado a quien tan bien pude conocer de igual forma y colaborar en su aprendizaje…. Era yo…… aquel maestro Nuevo que terminaba su contrato enriquecido de tantas experiencias tan bonitas. No obstante sabía que ya me tenían destinado a cubrir un nuevo interinato en un lugar un tanto próximo a Santa Rosalía y……….. en donde, pensando positivamente……  podría encontrarme también con un paisaje semejante al que ya había encontrado, a mi llegada a Santa Rosalía con una puerta mas solida y chirriante, con una nueva escuela sola, ausente e incluso semiderrumbada,  Con mil Carlos o un solo Joaquín, con nuevas experiencias, diferentes agradable o desagradables pero al fin…………………………………….
……. ¡UN PARAISO!

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